ENTRADA ENECIENTOS

¿Cuál e el punto? Mientras termino el más reciente ciclo de Doomscroling en Intagram, la misma pregunta que he tenido antes me atormenta: ¿Qué habrá sido de aquella playlist de skyrim que tanto me relajaba? Cierto día, uno particularmente malo, quise escucharla para tener un momento de paz, y había desaparecido. Una imagen en Google…

¿Cuál e el punto?

Mientras termino el más reciente ciclo de Doomscroling en Intagram, la misma pregunta que he tenido antes me atormenta: ¿Qué habrá sido de aquella playlist de skyrim que tanto me relajaba? Cierto día, uno particularmente malo, quise escucharla para tener un momento de paz, y había desaparecido.

Una imagen en Google me ha dado la esperanza de encontrar de nuevo aquella pieza que tantos malos momentos me ayudó a aplacar. Pero todo parece inútil.

¿Cuántos malos momentos se aproximan sin yo tener las herramientas para recuperarme? ¿Cuántas largas y desgastantes batallas deberé luchar estando solo? ¿Estoy solo? No lo creo, pero, ¿por qué me siento solo?

Mientras escribo estas palabras, y reflexiono sobre lo que significa estar vivo, una nueva playlist nocturna, con música de Skyrim me acompaña en otra pestaña. No es aquella mítica playlist que tanto me acompañó, pero tampoco está tan mal, supongo. El Dovahkiin debe estar durmiendo, y yo debería hacerlo también.

Pero aún es temprano.

Aún me quedan un par de horas de autocriticarme y flagelarme con todos los proyectos que alguna vez tuve, pero que soy demasiado perezoso para hacer. Como este blog.

¿Será que aquel sujeto de Instagram, cuyo nombre no conozco, tenga razón? ¿Será que sólo necesito que alguien me ofrezca un café y su atención? Eso no lo sé. Já. Mi vida, y esta entrada, están llenos de preguntas, y yo tengo un «no sé2 para cada una de ellas.

¿Es así como se supone que sea la vida? ¿Sólo una constante guerra interna por lo que hay que hacerse y no se hace? ¿Por lo que se tiene y no se ve? ¿Por lo que viene pero ya no se espera? jejeje. Eso no lo sé.

En aquel post de instagram, un chico en los comentarios hablaba del club de los 27. Creo que peudo revelar lo mismo que ya dije en mi respuesta a su comentario: Cuando cumplí 28 años, me sentí satisfecho por no haber entrado en ese club maldito; pero a la vez decepcionado, porque creí que el deseo desaparecería. Aún no lo ha hecho.

Malas rachas hay siempre en todo momento. Si algo he notado, es que la vida es una montaña rusa llena de montes de paz y valles de desesperación. A este punto de mi existencia, no me atrevería a hacer el gráfico, pero no creo que esté muy arriba. Aunque, para mi fortuna, sí más alto de lo que ha estado.

Yo no me uní al club maldito, pero no me hubiese molestado hacerlo. Casi lo hice, si mi memoria no me falla. Y ahora sigo aquí, de pie, soñando. Como siempre.

Soñando en ser alguien. Soñando en lograr algo. Soñando en tener algo. Que valga la pena digo. Y no pretendo desprestigiar mis logros. Mucho menos mi familia o amigos. Pero conmigo mismo no puedo permitirme tal indulgencia.

Si por algún milagro hay alguien leyendo esto. Me dirijo a ti, querido lector. No conozco tu situación, pero espero que tú sí que tengas una expectativa para con el futuro.

Hace tanto que yo no tengo un plan.

Bueno, eso no es completamente cierto. No tengo un plan, sino decenas de ellos. Tanto por alcanzar. Tanto por lograr. Tanto por ver y visitar. Tanto por vivir. Y, sin embargo, ninguna esperanza.

¿Conoces ese sentimiento de querer lograr algo, pero al mismo tiempo saber que no lo vas a conseguir? Yo sí. ¿Alguna ves tu yo malvado te ha «ayudado» a recordar que nunca lograrás nada en la vida? A mí sí.

Pero que no se diga que no se intenta.

Aquí estoy. De pie, o más bien sentado. Respirando… Reflexionando.

Por algo escribo estas pretenciosas palabras. Por algo intento ser activo en mis redes y empezar una comunidad. Es un intento por lograr algo en la vida. Un intento de no sentirme solo. Esperando que funcione. Que el sentimiento de estar haciendo algo por fín me alcance.

Uno no siempre se siente merecedor de lo que tiene. Y a veces ese alguien comienza un proyecto tras otro. Porque, tal vez, esta vez sí funcione. Tal vez ahora sí pueda hacer algo de su vida. Y no sólo se queden en ideas volando en el éter de la ficción.

Sólo tal vez, esta vez no tenga que recibir la sonrisa del abismo, sino una simple mirada del vasto cielo azul.

Esta noche, la luna me sonríe de vuelta.

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